Sociedad

"Le escribí a mi mamá un mensaje de despedida": el dramático relato de una argentina que sobrevivió a la masacre en la escuela de Estados Unidos

Sol Duarte es una estudiante de 16 años de la escuela secundaria donde Nikolas Cruz asesinó a 17 personas e hirió a más de diez. En diálogo con Infobae, relató los detalles del día más triste de su vida

A las 5:30 de la mañana sonó el despertador en el teléfono celular en una de las tres habitaciones de la planta alta de una de las casas de dos pisos del barrio privado Parkside en la ciudad de Coral Springs. La joven argentina Sol Duarte, de 16 años, apeló a su rutina diaria antes de ir al colegio: una ducha, elegir la ropa del día, preparar la mochila y salir exactamente a las 6:28 para que el autobús escolar amarillo la pase a buscar por la puerta del predio.

"En nuestro colegio no usamos uniforme. Siempre tardo unos minutos en elegir la ropa que voy a llevar. Ayer elegí un vestido gris, una camperita rosa y las Superstar (zapatillas)", le relató la adolescente a Infobae mediante un diálogo telefónico.

Sol nació en Estados Unidos, a los seis meses de vida se mudó a la Argentina, donde vivió 14 de sus 16 años junto a su madre. Luego volvió al país norteamericano en busca de una eventual excelencia académica durante sus años de estudio. Sin embargo, jamás pensó que el miércoles sería testigo de una nueva tragedia en su propio colegio. Vivió y sufrió la masacre perpetrada por el estudiante Nikolas Cruz en el edificio de los "Freshmen" de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas y que dejó un saldo de 17 muertos y más de diez heridos.


"El autobús pasó cerca de las 6:38", contó Sol, que tiene una suerte de obsesión y una memoria implacable con las horas y los números. "Durante el viaje me quedé charlando todo el tiempo con Mariana, mi mejor amiga, y después nos encontramos con el resto de los chicos. Nos quedamos en la puerta de la escuela jodiendo un rato", completó.


Sol es hija de una argentina "que trabaja de gestora" y de un hondureño, "encargado de trabajar con los carteles en las autopistas". Sus padres se separaron a sus seis meses, cuando la mamá se la llevó a la provincia de Córdoba. Su regreso a EEUU se produciría 13 años después, el 30 de enero de 2016.

"Cuando terminé la primaria, mi mamá me dijo que me vaya a Estados Unidos con mi padre. Porque decía que acá iba a poder seguir buenas carreras y tener una mejor salida laboral", explicó. "Al principio no me gustó porque tenía que dejar a muchas amigas, pero ahora ya me acostumbré. Cuando termine la escuela, me gustaría seguir una carrera de detective, forense o algo así".

El autobús escolar llegó a la puerta del colegio unos cuatro minutos antes de las 7 de la mañana. Una vez reunidos los amigos, el espíritu de San Valentín sobrevoló la escuela. "Nos reunimos un grupito porque Emiro, mi mejor amigo, le iba a entregar un regalo sorpresa a Mariana, mi mejor amiga. Ellos son novios. Le regaló un peluche y una caja de chocolates. Nos emocionamos y después nos hicimos un poco de bullying a los que no tenemos novio y no recibimos ningún regalo", relató.

La mañana transcurrió dentro de la normalidad de la inmensa escuela. "Es gigante, tiene canchas de fútbol, canchas de soccer (sic), de tenis, un gimnasio, dan cursos de cocina, de teatro. Hay de todo".

Sol Duarte cursó tres materias hasta que llegó la hora de la clase de lengua, a las 9:10. Debido a que el profesor no había finalizado con una clase anterior, Sol y el resto del grupo debieron esperar en la cafetería. "Estuvo bueno porque podíamos charlar más con mis amigos. Acá no tenemos recreo. Solo hay ocho minutos para ir de clase en clase y después te dan 30 minutos para el lunch. Mientras estuvimos ahí, seguimos charlando con mis amigos como un día más".

"Después apareció un grupo de chicos y nos empezaron a molestar, nos robaban los celulares y nos los escondían. Había un chico, Anthony, que no paraba de escondernos cosas. Le empezamos a gritar '¡Ladrón! y un montón de otras cosas. No sabía dónde meterse, jaja", describió.

Poco después se retomó la jornada habitual, Sol almorzó y ya se preparó para afrontar el turno tarde. "A las 13:10 empezó la clase de 'Personalization'. Es una clase en la que se nos permite aprovechar para usar las computadoras y hacer las tareas de las materias que nosotros necesitemos. Yo me puse a hacer una tarea de lengua en español".

En la escuela Marjory Stoneman Douglas la rutina parecía transcurrir con normalidad. Hasta que a 20 minutos del final de la clase de Personalization todo se alteró.

"En cada aula tenemos un parlante para escuchar las comunicaciones del director para todo el colegio. Justo a las 14:20 empezamos a escuchar que el parlante hacía unos ruidos raros. Hubo un silencio y se escuchó la voz del director que dijo 'Código Rojo. Evacúen'. La verdad es que no me preocupé nada en ese momento. Pensé que era un 'drill' (simulacro de emergencia).

Sol y sus casi 30 compañeros de clase salieron así en silencio y con cuidado a uno de los pasillos internos de su edificio. "Ahí escuchamos tres disparos. Estaban algo lejos. Era en el edificio de los Freshmen (los alumnos del primer año de la secundaria). Igual, apenas se escucharon, muchos chicos empezaron a gritar y a correr para cualquier lado. Nosotras nos metimos de nuevo en el aula en la que estábamos".

Nikolas Cruz había iniciado su ataque con un fusil semiautomático AR-15. Las víctimas eran aleatorias, nadie estaba a salvo en el lugar.

"Al principio yo estaba más tranquila. Había silencio en la sala. Nadie hablaba mucho. Entonces, una de mis amigas agarró su celular y abrió Snapchat. Ahí empezamos a ver las stories de otras amigas que estaban en ese edificio. Ahí se escucharon los tiros mucho más fuerte y más claros. En 17 segundos de video hubo casi 20 tiros. Ahí nos cagamos todos", relató.

El documento audiovisual visto en el celular de la amiga significó la bisagra emocional para Sol.

"Agarré mi teléfono y le escribí un mensaje a mi mamá. Le escribí un 'te amo', pero no fue un 'te amo' más. Lo sentía especial. Era mi mensaje de despedida".

El pánico se desarrollaba de acuerdo al audio del lugar. Todos seguían viendo las mismas paredes, las mismas ventanas, las mismas mochilas y los mismos carteles. Nada se movía. Pero afuera estaba desatado el caos.

"No entendíamos nada y encima con lo que pasaba afuera nos poníamos peor. En un momento escuchamos pasos fuertes al otro lado de la puerta. Yo estaba esperando que fuera este chico, el tirador. Y después pasó algo peor: de repente se rompió el vidrio de una ventana. Ahí dije 'listo, me muero acá mismo. No voy a salir viva de esta'".

La rotura del vidrio no respondió a un disparo ni a un ataque de Cruz. Eran agentes del grupo SWAT, que habían acudido a su edificio para evacuarlo. "Nos pidieron que levantáramos las manos y que saliéramos del edificio despacio y cerca de un compañero".

El tiroteo fue controlado y abrió así la puerta al epílogo de la tragedia, el momento de chequear cómo estaba cada uno de los amigos y las personas queridas de la escuela.

"Enseguida nos juntamos todos los mejores amigos y comprobamos que a nadie le había pasado nada. Pero era todo horror. Había chicos llorando sin parar, y hasta vi los cuerpos de un guardia de seguridad y del entrenador de fútbol americano. Estaban tirados en la puerta del otro edificio. Tenían unas mantas amarillas encima".

Los amigos de 16 años compartieron sus experiencias. Aquellos testigos que estuvieron en el edificio de los Freshmen relataron el infierno. "Un amigo me dijo que vio cómo le pegaron un tiro en la pierna a Anthony, el chico al que estábamos gastando antes con que era un ladrón. A mi amigo le agarró tanto miedo que salió corriendo y no lo pudo ayudar. Después nos enteramos de que estaba herido y estaba más o menos bien".

La llegada constante de ambulancias y efectivos policiales se combinó con el arribo de padres desesperados, en estado crítico, a la espera de alguna novedad sobre sus hijos.

"Ahí me encontré con mi papá, que me vino a buscar. Yo le di un abrazo y me puse a llorar sin parar. Le dije que lo amaba mucho y que estaba muy feliz de volver a verlo. Él todavía estaba preocupado, me miraba y me repetía sin parar 'te amo, te amo, te amo'", relató a Infobae.

Ya al atardecer, Sol se encontraba de nuevo en casa junto a su papá, la pareja de él, su hermanastra de 15 años y un hermanito de siete meses. Sol se esforzó para digerir lo que le acababa de suceder a su vida. Para entender cómo pudo presenciar tal tragedia en su lugar de estudio.

"Yo nunca en mi vida vi un arma, a mis amigos tampoco. Mi grupo de amigos es todos de latinos y nosotros somos gente normal, no estamos tan locos como los gringos", afirmó.

Todavía Sol no decidió si acudirá al acto de homenaje que se realizará esta noche en el parque principal de su barrio cerrado. "Seguramente, llamaré a mis amigos para ver cómo están. Para mí es importante tenerlos cerca".

Con el pasar de los días, la joven con ilusiones de consagrarse en la medicina forense intentará encontrarle explicación a un fenómeno que todavía se repite en la sociedad de una de las grandes potencias mundiales.

"No puede ser que chicos de mi edad puedan agarrar armas en sus casas con toda la tranquilidad del mundo. Lo peor es que estoy segura de que no va a pasar nada. Esto ya ocurrió muchas otras veces y ayer le tocó a mi escuela. No creo que lo arreglen", razonó con desilusión.