Sociedad

La historia negra de "Don Teo", el patriarca del clan de abortos clandestinos de Florencio Varela

Teófilo Plasencia fue arrestado dos veces por practicar abortos en su clínica clandestina de la zona sur del Gran Buenos Aires. Hoy, su hijo y su nieto son investigados por el mismo delito, sospechados de cobrar hasta 20 mil pesos por cada procedimiento. Venta de cocaína, quiebras e hipotecas y publicidad para interrumpir embarazos en plena calle

Teófilo Homeraldo Plasencia, "Don Teo" para sus conocidos, recibió el grotesco apodo de "Doctor Muerte" en las crónicas policiales cuando fue arrestado en octubre de 2011 acusado de practicar abortos en una pieza sucia de Claypole, partido de Almirante Brown, en una casa sobre la calle 17 de octubre, no muy lejos de la estación de tren.

Plasencia no fue imputado en aquel entonces por homicidio culposo, pero lo que la Policía Bonaerense encontró al ponerse a cavar en su jardín fue lo suficientemente repulsivo como para que se lleve el apodo: restos de fetos humanos, no uno, sino varios, en la tierra del patio y también en la cañería del baño, parcialmente disueltos por químicos.

La gran cantidad de mujeres que entraban y salían de la casa, algunas de ellas en camilla, dispararon las sospechas judiciales. En el procedimiento bajo las órdenes de la UFI N°7 de la jurisdicción se secuestró instrumental quirúrgico, gasas y anestesia, tranquilizantes y elementos de sutura. Tres mujeres de nacionalidad peruana con falsas credenciales de enfermeras fueron aprehendidas. Una serie de carteles fueron encontrados. "Partera, ginecóloga", decían.

No era la primera vez que esos carteles eran hallados, ni era la primera vez que la Bonaerense irrumpía en la casa de "Don Teo". Un artículo del diario La Nación de abril del 2000 detalla cómo policías, bomberos y personal de Defensa Civil ingresaron en el lugar. Ningún feto fue encontrado en este primer allanamiento, que incluyó a más de diez objetivos a lo largo de la zona sur con once arrestos. Un comisario al mando del operativo detalló cómo los pozos ciegos del lugar eran prolijamente limpiados por una empresa privada. Esta vez, una mujer efectivamente murió, una joven de 19 años que perdió la vida tras presuntamente realizarse un aborto en el lugar.


Plasencia terminó bajo prisión preventiva, una medida dictada por la jueza Analía Puig Dengola. "Aborto seguido de muerte" fue un delito incluido en la imputación junto a calificaciones como falsedad ideológica y asociación ilícita. Las sospechas, por otra parte, no se referían solo a embarazos interrumpidos en condiciones de miseria e insalubridad, sino también a venta de bebés por fuertes sumas.

"Don Teo", nacido en enero de 1945 en Perú, era un supuesto médico con licencia revocada. Todavía continúa registrado en la AFIP bajo la actividad en los rubros de servicios de consulta médica y atención ambulatoria. Los carteles que publicitan una partera también siguen en pie, en los postes de luz del sur del conurbano. La semana pasada, la Jefatura Departamental de Quilmes allanó un complejo sobre la avenida Monteverde al 300, en la localidad de Florencio Varela, dos propiedades unidas que mezclaban pasillos y construcciones precarias sobre los techos.

La Departamental no iba a buscar una clínica de abortos, precisamente. Las órdenes de la UFI N°14 de Lomas de Zamora no eran solo de allanamiento, sino también de arresto. Eran para Marcos y Gonzalo, hijo y nieto de Plasencia respectivamente. Ambos quedaron detenidos. El delito: narcotráfico, menudear cocaína. La pareja de Marcos, una mujer de 43 años, también fue detenida en el acto. Lo que encontraron fue la marca del viejo negocio familiar: 43 carteles pintado a mano y más de dos mil stickers. "Partera, ginecóloga", se podía leer, con un número de celular. Junto a los stickers, en una pieza con frazadas de leopardo, gasas y suero, agujas.

El hallazgo de la DDI dio pie a la sospecha de que los Plasencia estaban de vuelta en su vieja actividad, o que nunca la habrían abandonado del todo. La UFI N°4 de Quilmes a cargo de la doctora Nuria Gutiérrez tomó el caso. No se encontraron restos de fetos humanos, apenas una suerte de bollo dentro de un balde con huesos que serían de un pollo. La nuera de "Don Teo" le aseguró a los policías no ser enfermera sino estudiante de "un profesorado de literatura". Sin evidencia para imputarla, fue liberada por la fiscal Gutiérrez poco después, para ser vista de vuelta en el complejo de la avenida Monteverde a horas de su salida.

Por lo pronto, la Justicia cuenta con sospechas fuertes de que se practicaron abortos en tiempos recientes. Informes de inteligencia detallan un presunto tarifario de seis mil pesos por un procedimiento con misoprostol hasta 20 mil pesos por un aborto quirúrgico. Las pericias a cuatro celulares incautados serán una de varias claves para la investigación. Por otra parte, quienes conocen la zona y al clan Plasencia conocen también la cifra y el presunto tarifario: para la gente del barrio, los carteles que publicitaban abortos tácitamente nunca dejaron de hacerse ver.

El hijo y el nieto de "Don Teo" llegaron a la avenida Monteverde hace poco menos de dos años. El patriarca de la familia también era una figura frecuente, un hombre afable para los vecinos, que incluso saludaba: se dejaba ver rodeado de varias mujeres jóvenes, poco más que veinteañeras, la edad suficiente para ser sus nietas. Los vecinos dejaron de verlo en 2015. Las chicas de su séquito volvieron ocasionalmente a la casa, ocupándola hasta hoy.

Las mujeres jóvenes ajenas al clan, mientras tanto, eran una escena frecuente en la puerta de la casa: eran vistas tocando la reja tapiada para ingresar e irse dos horas después en remises de la zona. Otros desconocidos llegaban también a la puerta para irse poco después, no en horas sino en minutos. Las peleas entre el hijo de "Don Teo" y su esposa eran algo habitual. Los gritos podían oírse desde la vereda.

Lo cierto es que "Don Teo", pequeño de estatura, se convirtió con los años en un pequeño terrateniente y arrendatario. Plasencia es el titular del terreno de casi un tercio de cuadra de largo en la avenida Monteverde que la Bonaerense allanó, según fuentes policiales del caso: dos familias viven detrás de la casa sospechada de ser una clínica de abortos.

Compró otras casas en la zona sur a lo largo de los años. Su hábito de hipotecarlas probó ser problemático. En 2006, el Juzgado Civil N°5 de Lomas de Zamora anunció el remate de otro complejo en la calle Coquimbo que hasta hoy es el domicilio registrado de su hijo y nieto. La propiedad incluía dos chalets y abarcaba más de 300 metros cuadrados. En mayo de 2013, el Juzgado Civil N°2 de La Plata anunció otro remate bajo martillero público de una propiedad sobre la avenida Monteverde, a solo dos cuadras de la casa allanada. El precio de base según lo publicado en el Boletín Oficial provincial fue de casi 700 mil pesos. El remate no prosperó y hubo un segundo llamado a mejorar la oferta.

Queda una pregunta esperable. ¿Dónde está "Don Teo"? "Me parece que preso", dice un investigador asignado al caso. "Le dieron domiciliaria porque está viejito", arriesga alguien que lo conoce. Practicar un aborto con consentimiento de la paciente conlleva la pena máxima de cuatro años según el Código Penal. Pero "Don Teo", dos veces allanado por poner en riesgo la vida de mujeres, estaría libre.

Su ficha en el Servicio Penitenciario Bonaerense marca un solo ingreso, con un lugar  asignado en una celda en el Pabellón 2 del penal de Olmos. Entró a la cárcel en abril de 2012 para irse en marzo de 2013. El registro no detalla una imputación por el delito de aborto, precisamente, sino una acusación de "quebrantamiento de inhabilitación legal" bajo la firma del Juzgado en lo Correccional N°5 de Lomas de Zamora.

El clan Plasencia no es el único acusado de hacerse rico con la necesidad de mujeres aprovechando la prohibición legal y poniendo en peligro sus vidas. En Capital Federal, la Fiscalía N°19 investiga a un grupo de santafesinos por operar una clínica clandestina en una habitación del quinto piso del hotel Las Naciones sobre la avenida Corrientes que fue allanada por la Policía de la Ciudad. Tres mujeres que abortaron allí corren el riesgo de ser imputadas bajo el artículo 88 que castiga con cárcel a quienes interrumpen sus embarazos.

De vuelta en las prisiones provinciales, casi dieciocho meses después de que el gobierno de María Eugenia Vidal dejara sin efecto el protocolo para la atención médica de abortos no punibles, los aborteros clandestinos son la minoría absoluta: ocho detenidos, apenas el 0,03% de los 35 mil presos que componen el sistema en su pico histórico. Solo cuatro están ubicados en penales. El resto está bajo monitoreo con tobillera electrónica o arresto domiciliario. No hay ninguna mujer presa por abortar en los registros del SPB, al menos según datos oficiales.